Otoño en Cuenca (España)

Si, acerca tus sentidos al otoño de esta ciudad patrimonio de la humanidad en el centro de España y te notarás inmerso en la paz, en el pellizco que da el deleite.

Fija tu vista en los colores verdes, ocres, amarillos de los chopos que empiezan a desnudarse en las hoces de los ríos Júcar y Huecar; en la luz tenue del alba o cenicienta en la caída de la tarde o clara y fuerte cuando el sol se encuentra en lo alto de las rocas o bajando en vertical la copa de los pinos, y las espadañas  de las iglesias.

 Toca en la tierra la mies agustada, el nizcalo, las setas, la trufa, el tomillo y el romero y tus manos olerán a campo silvestre inmaculado.

 Percibe los aromas del ozono después de la lluvia, de las flores en la primavera, del pan de la madrugada, del membrillo que harás mermelada o guardaras entre la ropa del armario.

 Degusta el cordero asado, la perdiz escabechada, el morteruelo el ajo arriero, las judías con chorizo, el alajú de almendra y miel, el vino de la mancha, el resoli de café y aguardiente.

 Escucha el aire (viento) que sopla en los pinares meciendo las ramas de los árboles; el grillo y la cigarra en el estío; las aguas cristalinas de los ríos saltando las piedras de sus calles.

 Pon tus cinco sentidos en el maravilloso otoño de Cuenca.

Texto Alpes

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