MEDITACION Y CIENCIA

Ayutthaya, Tailandia

A través de multiples investigaciones se ha llegado  a la conclusión de que  esta práctica milenaria contrarresta los mecanismos cerebrales asociados al estrés.

El  decimocuarto Dalai Lama, Tenzin Gyatso ha puesto a disposición de los neurocientíficos occidentales su cerebro y el de sus monjes con el objetivo  de fotografiar lo que ocurre en sus redes neuronales cuando practican la meditación.

En esta aventura se embarcaron eminentes investigadores de numerosas instituciones. Uno de los más activos en los últimos años ha sido Richard Davidson de la Universidad de Wisconsin, en EEUU. Sus trabajos no sólo se han hecho famosos por contar con un Nobel de la Paz como sujeto de experimentación, sino porque los resultados aportan datos interesantes y sorprendentes sobre esta práctica milenaria. «Nuestros resultados indican que la meditación tiene efectos biológicos. Produce cambios en el cerebro asociados a emociones más positivas y mejoras en la función inmune», ha dicho a SALUD el investigador. Daniel Goleman, autor de numerosos libros sobre inteligencia emocional y de ‘Emociones destructivas’ fruto del encuentro del Dalai Lama con los científicos, tambien ha comentado que «lo importante es que la meditación cambia la base de las emociones» y añadió que los resultados de los experimentos «tienen importantes implicaciones para la gente a la hora de valorar sus beneficios».

Las investigaciones en los monjes budistas con años de experiencia en la meditación indican que éstos tienen una actividad significativamente mayor en el lóbulo izquierdo que las personas que no practican esta técnica. La duda que se planteaba en los estudios con monjes fue si sus cerebros ya eran de partida diferentes y por ello, los hallazgos resultaban tan llamativos. Para resolver el dilema, Davidson y su equipo decidieron investigar con personas de la calle sin experiencia alguna en las técnicas de meditación.

Los resultados confirmaron que no es necesario ser un consumado meditador para disfrutar sus beneficios y que el cerebro de los monjes no era la causa de las observaciones. Los individuos que practicaban regularmente habían desarrollado, al igual que los religiosos, mayor actividad en el lado izquierdo del lóbulo frontal. Los científicos comprobaron también en este grupo de voluntarios que el sistema inmune de aquellos que se habían entregado a la exploración interior era más potente que el de sus compañeros.

Hasta aquí algunos de los potenciales usos terapéuticos o preventivos de la meditación. Sin embargo, tanto el planteamiento budista como el de otras tendencias orientales en las que se emplea regularmente esta práctica va más allá. Su uso está asociado a un cambio de percepción de la realidad y a estimular los procesos de conciencia, algo que también interesa extraordinariamente a los científicos y que Goleman define como “conocimiento» de la existencia”. Los cambios cerebrales que produce la práctica habitual de la meditación tienen algunos puntos en común con los que se observan en el estado de iluminación o éxtasis místico. Lo cual no es extraño puesto que una de las vías para alcanzar el más alto nivel de abstracción es la meditación, como fue el caso de Buda, pero no es ni mucho menos el único.

En Oriente y en Occidente. Desde las tribus africanas con sus danzas hasta Santa Teresa de Jesús entregada a la oración, pasando por el ascetismo de los yoguis y por los chamanes indios bajo los efectos del peyote, todos buscan alcanzar el éxtasis y con él entrar en contacto con su dimensión espiritual.

En principio cualquier persona tiene la capacidad de vivir este tipo de experiencias espirituales profundas. Sin embargo tal y como señala, Francisco J. Rubia, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid  En su libro La Conexión divina  la gran importancia que se ha dado fundamentalmente en Occidente, al pensamiento racional y analítico, ha adormecido los centros neuronales que sirven de enlace con esa otra realidad. Otras culturas, por el contrario, han dado un gran valor a esta capacidad y la han cultivado

ALGUNOS EFECTOS DE LA MEDITACION

  • Se crea un estado afectivo positivo y disminuye la ansiedad y la cólera.
  •  Aumentan los niveles de GABA, un neurotransmisor, que implica menor distracción por los estímulos exteriores lo que amplifica la concentración.
  • Reduce las frecuencias cardiaca y respiratoria y la tensión arterial.
  •  Aumenta la producción de serotonina, un neurotransmisor cuyo déficit está asociado a la depresión.
  • La práctica de la meditación aumenta las ondas cerebrales Theta que en, condiciones normales, sólo se alcanzan antes de dormir.
  • Estimula la producción de endorfinas, drogas producidas por el organismo y con ellas se reduce el miedo, se  produce sensación de felicidad y euforia.

Fuentes: Dr. Andrew Newberg, «Time», Educational Coaching UK. E. Amade / Angela Boto  mundo.es

 

 

 

 

 

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